El desastre provocó que la población de mangostas creciera exponencialmente, llegando a 10,000 ejemplares en el año 2000. Para revertir la situación, Japón implementó un proyecto de control que incluyó la captura masiva de estos animales.
En 2018, se declaró oficialmente la erradicación de las mangostas en la isla, luego de años de esfuerzos. Este caso se considera uno de los más grandes en el mundo en la erradicación de especies no autóctonas establecidas durante tanto tiempo.
Tras la declaración, el gobierno japonés retirará las trampas colocadas en la isla y continuará vigilando para evitar la reintroducción de estas criaturas. Un proyecto que tardó medio siglo en resolver y que destaca la importancia de evaluar cuidadosamente las medidas de conservación.
Fuente: www.xataka.com
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