Desde que el ser humano tuvo conocimiento de la existencia de la corriente eléctrica, ha intentado aplicar ese poder a su propio cuerpo. Como detalla un reportaje de The Wall Street Journal, esta fascinación viene de lejos: desde la antigua creencia romana en el impacto curativo de los peces torpedo, hasta las famosas máquinas de cinturones vibratorios que prometían esculpir siluetas en los años 50.
Hoy, la industria del fitness ha dado un paso más allá con la electroestimulación muscular de cuerpo entero (WB-EMS, por sus siglas en inglés). El concepto en sí parece sacado de una película de ciencia ficción: los usuarios se enfundan en un traje húmedo cubierto de electrodos que lanza descargas simultáneas a los principales grupos musculares durante unos 20 minutos.
El gancho de marketing es irresistible, ya que estas sesiones de entrenamiento de fuerza y peso corporal se venden como el atajo definitivo para sustituir horas de sudor en el gimnasio. En las redes sociales, decenas de influencers suben vídeos haciendo sentadillas y levantamientos de brazos mientras visten este traje biónico. Pero, más allá de la estética y la promesa de un cuerpo tonificado sin apenas esfuerzo, ¿qué hay de cierto en todo esto?
De la clínica a la moda global
La tecnología detrás de la electroestimulación no es un invento reciente ni nació en un gimnasio de moda. Inicialmente, se utilizaba en hospitales y entornos de rehabilitación con un propósito estrictamente médico: aliviar el dolor, prevenir la atrofia muscular en pacientes encamados y mejorar la circulación. Sin embargo, en los últimos años, ha experimentado un crecimiento explosivo como modelo de negocio fitness.
Los datos están ahí. En la plataforma ClassPass, el número de centros que ofrecen entrenamientos con EMS en todo el mundo aumentó más de un 16% entre 2023 y 2025. Franquicias internacionales como la francesa Iron Bodyfit tienen previsto abrir más de 50 estudios en Estados Unidos en los próximos tres años, mientras que la empresa californiana Body20 ha pasado de 46 a 67 locales a nivel nacional desde 2023. Todo ello a pesar de que no es una actividad económica: las clases cuestan entre 40 y 100 dólares por sesión.
Para entender el fenómeno, hay que comprender cómo funciona la experiencia. El traje húmedo —el agua es necesaria para conducir la electricidad de forma eficaz— envía impulsos eléctricos directamente al músculo. Esto fuerza a un mayor porcentaje de fibras musculares a contraerse simultáneamente de manera involuntaria.
Según describe la periodista Ellen Gamerman en The Wall Street Journal, la sensación física es similar a la de recibir una llamada en un teléfono móvil en modo vibración, con la diferencia de que, en este caso, «tú eres el teléfono». Combinado con ejercicios básicos, el nivel de contracción muscular hace que el esfuerzo se sienta tan intenso como una clase de intervalos de alta intensidad (HIIT). Si extiendes un brazo sin doblarlo ligeramente, la corriente puede hacer que se bloquee por completo hasta que el entrenador baje la intensidad de la máquina.
¿Pero a quién atrae esta tecnología? Helge Guetzlaff, director de desarrollo de negocio de la marca alemana Miha Bodytec, bromeaba en el rotativo estadounidense asegurando que atrae a «mucha gente perezosa». Sin embargo, Sabine Padar, propietaria del exclusivo estudio Body Alchemist NYC, matiza que a menudo tiene que convencer a sus clientes de que pasar más horas en el gimnasio no es la única vía para ganar músculo. Ella insiste en que las sesiones de EMS no son necesariamente más fáciles que el entrenamiento tradicional, simplemente son más rápidas.
El perfil de usuario es variado: desde mujeres preocupadas por la pérdida de fuerza en la menopausia hasta profesionales de la moda, como Max Auth, un directivo de la marca Wolford que confiesa gastar unos 300 dólares al mes en estas sesiones para mantener su figura con una inversión de tiempo mínima.
El baño de realidad
Ante afirmaciones de marketing que aseguran que «20 minutos equivalen a 4 horas de gimnasio», la comunidad científica ha decidido tomar cartas en el asunto. Cedric X. Bryant, director ejecutivo del American Council on Exercise, señala en WSJ que estas afirmaciones son hiperbólicas y que se está exagerando enormemente lo que uno debe esperar de estos entrenamientos, aunque reconoce que pueden ofrecer mejoras de leves a moderadas.
Para poner luz sobre el asunto, diversos estudios han analizado el impacto real del WB-EMS en diferentes grupos de población:
- En adultos mayores y sedentarios: Una investigación publicada en Clinical Interventions in Aging demostró la eficacia de esta tecnología en mujeres mayores sedentarias y delgadas, con riesgo de sarcopenia (pérdida de masa muscular) y obesidad abdominal. Tras someter a un grupo de 23 mujeres a 18 minutos de WB-EMS (tres sesiones cada 14 días) durante 12 meses, los resultados arrojaron diferencias significativas y positivas en la masa muscular apendicular y una reducción en la masa grasa abdominal en comparación con el grupo de control. El estudio concluyó que, dada la buena aceptación de la tecnología, el WB-EMS es una alternativa válida y menos desalentadora para sujetos que no quieren o no pueden hacer ejercicio convencional.
- En deportistas recreativos: Otro ensayo publicado en Frontiers in Physiology analizó los efectos del WB-EMS en corredores recreativos masculinos. Durante 6 semanas, los participantes redujeron su entrenamiento de carrera a un solo día por semana y añadieron una sesión semanal de WB-EMS. Los resultados indicaron que el grupo de electroestimulación mejoró su consumo máximo de oxígeno (VO2max), sus umbrales ventilatorios, su economía de carrera y su salto vertical. Esto sugiere que el WB-EMS puede ser un estímulo eficaz para mantener e incluso mejorar el rendimiento en periodos donde se reduce el volumen de entrenamiento de resistencia.
- La comparativa definitiva (El WB-EMS no es un milagro): Para comprobar si realmente la electroestimulación es superior al sudor clásico, el proyecto FIT-AGEING evaluó a 89 adultos sedentarios de mediana edad. Un estudio riguroso publicado también en Frontiers in Physiology dividió a los sujetos en tres programas de 12 semanas: entrenamiento concurrente tradicional (recomendado por la OMS), entrenamiento a intervalos de alta intensidad (HIIT), y HIIT sumado a WB-EMS. Finalmente, todos los tipos de ejercicio indujeron aumentos similares en la aptitud cardiorrespiratoria y la fuerza muscular. De hecho, los científicos concluyeron explícitamente que los cambios observados en el grupo de WB-EMS no fueron superiores a los de los otros programas de ejercicio convencional. El traje no aporta ninguna ventaja extra determinante frente a sudar la camiseta de forma tradicional.
El peligro silencioso del sobreesfuerzo
Pese a los evidentes beneficios, el WB-EMS no es un juguete y conlleva riesgos si no se supervisa adecuadamente. Como advierte The Wall Street Journal, esta práctica elimina los marcadores biológicos familiares del agotamiento; al estar el músculo contrayéndose involuntariamente, es muy difícil para el usuario calibrar su nivel de esfuerzo real.
Francisco J. Amaro-Gahete, investigador español líder en el estudio del WB-EMS (y autor de varios de los estudios mencionados), advierte en el medio estadounidense de un peligro grave: la rabdomiólisis. Se trata de una severa degradación muscular causada por un esfuerzo excesivo que puede llegar a provocar insuficiencia renal. «No es una intervención trivial», subraya el experto.
A esto se suman otras precauciones. Alex Lagoutte, dueño de dos franquicias de Iron Bodyfit en Nueva York, reconoce que ha habido casos de personas que se han desmayado en las sesiones. Las intensas vibraciones y la novedad de la sensación hacen que, en ocasiones, los clientes primerizos olviden algo tan básico como respirar, o acudan sin haber comido adecuadamente. Además, existen contraindicaciones absolutas: es una práctica totalmente desaconsejada para personas con marcapasos y pacientes con ciertas afecciones de salud crónicas. Por ello, la figura de un entrenador acreditado y responsable del control de la máquina es innegociable.
El ‘boom’ de los trajes de electroestimulación no es una simple estafa, pero tampoco es la panacea absoluta que nos librará del esfuerzo físico. Para el investigador alemán Wolfgang Kemmler, pionero en el estudio de esta tecnología, el WB-EMS puede considerarse una opción sólida para aquellas personas que «no están dispuestas o son incapaces de participar en programas de ejercicio convencionales», pero que buscan mejorar su aptitud muscular para un envejecimiento saludable.
Figuras conocidas del mundo del biohacking, como el fundador de Bulletproof Coffee, Dave Asprey, integran el EMS en su rutina desde hace años y aseguran que los resultados son «notables». Como Asprey declara en el Wall Street Journal: «No tengo ningún problema con que alguien diga: ‘Todos mis músculos provienen de la electricidad'».
En definitiva, la electroestimulación de cuerpo entero es una herramienta fascinante y respaldada por la literatura científica para mejorar parámetros de salud y fuerza en un tiempo récord. Sin embargo, la ciencia es tajante: enfundarte en un traje de neopreno con electrodos te pondrá en forma, pero no lo hará mejor ni te dará más beneficios fisiológicos que ir al gimnasio, levantar pesas y sudar la camiseta a la antigua usanza. La electricidad puede darte un valioso empujón, pero el esfuerzo humano, al menos de momento, sigue sin tener un botón mágico que lo reemplace por completo.
Imagen | Freepik
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La noticia
Nos prometieron que 20 minutos de chispazos equivalían a 4 horas de gimnasio. La ciencia dice que es más complicado
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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Fuente: www.xataka.com
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