En la basílica del Santo Sepulcro, bajando del Calvario hacia la zona de la Rotonda, se llega a los lugares del entierro de Cristo. No se trata de un mausoleo erigido en memoria de un difunto, sino de un sepulcro que ya no guarda ningún cuerpo, testimonio eterno de que la muerte ha sido vencida.
Fuente: www.vaticannews.va
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