El juicio de Elon Musk contra OpenAI (mejor dicho, contra Sam Altman) está siendo el culebrón del año en el universo tech. La principal acusación es que OpenAI violó su acuerdo fundacional de ser una organización sin ánimo de lucro, pero la rivalidad entre sus dos protagonistas va mucho más allá del negocio, es personal. El juicio apuntaba a ser un espectáculo en el que se iban a airear todo tipo de trapos sucios y no está defraudando.
Dos versiones muy distintas. O mejor dicho, completamente opuestas. La versión de Elon Musk es que OpenAI ha traicionado el acuerdo fundacional de ser una organización sin ánimo de lucro, cuyo objetivo era lograr una AGI que beneficiara a la humanidad, todo por la avaricia de Sam Altman. “Esta demanda es muy sencilla: no está bien robarle a una organización benéfica”, dijo en su alegato inicial.
La versión de OpenAI es justo la contraria: quien tenía intenciones de lucrarse era Elon Musk y, cuando el resto de fundadores no quiso seguir sus planes, se fue enfadado. Según el abogado de OpenAI, el enfado de Musk empezó cuando se produjo el boom de ChatGPT en 2022. «Ahí es cuando surge el resentimiento», declaró.
No leí la letra pequeña. El principal motivo de la demanda es, como decíamos, que OpenAI cambió su compromiso fundacional de lograr una AGI para servir a la humanidad. Aunque hay correos que dan la razón a Musk, en 2017 firmó un documento en el que se detallaba la transición hacia una empresa con fines de lucro. Cuando le preguntaron por qué firmó dicho documento si estaba en contra, Musk dijo que «no leí la letra pequeña, solo el titular», una declaración que no juega muy a su favor, sobre todo cuando ha tratado de vender el papel de víctima engañada.
Altman desesperado. Ambas partes han aportado pruebas para defender su postura, entre los que se están aireando todo tipo de anotaciones y conversaciones privadas que dejan a ambos en muy mal lugar. Una de esas conversaciones es un intercambio de mensajes entre Sam Altman y Mira Murati en 2023, cuando Altman fue apartado de la empresa, en los que tiene una actitud desesperada, llegando a plantear que Microsoft compre OpenAI para poder volver. El intercambio muestra un clima interno muy poco transparente y caótico, más cerca de una negociación de poder que de una organización con misión altruista.
Burning man. Parte de la estrategia de defensa de los abogados de OpenAI es pintar a Elon Musk como una persona inestable y poco fiable. Entre las preguntas que le hicieron destacó una en la que cuestionaron si Musk había asistido al festival de música Burning Man y si había consumido ‘rhino ketamine’. El CEO de SpaceX lo negó y la jueza vetó más preguntas sobre el consumo de sustancias.
La informante. Una de las testigos clave es Shivon Zilis, que entre 2020 y 2023 formó parte del consejo de OpenAI. Al mismo tiempo, Zilis mantenía una relación sentimental con Musk y llegó a tener cuatro hijos con él. El problema, según OpenAI, es que nada de esto se comunicó y Zilis en realidad estaba actuando como informante de Musk, el cual trataba de influir las decisiones de la compañía desde fuera.
El diario de Brockman. Greg Brockman, uno de los cofundadores de OpenAI, guardaba un diario en el que anotaba todo tipo de pensamientos. Brockman veía la ruptura con Musk como “la única oportunidad” para sacar a OpenAI de su órbita, mientras se planteaba abiertamente cómo llegar a los 1.000 millones de dólares. Para el equipo de Musk, el diario es oro porque lo presentan como una prueba de su intención de enriquecerse. Para OpenAI, es simplemente el diálogo interno un Brockman preocupado por la tensión entre su misión y la sostenibilidad económic
Imagen de portada | Village Global y Gage Skidmore, vía Flickr
–
La noticia
El juicio Musk-Altman está dando el espectáculo que prometía: un culebrón de trapos sucios en el que ninguno sale bien parado
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Amparo Babiloni
.
Fuente: www.xataka.com
Descubre más desde Noticias breves
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



Comentarios de Facebook