La reciente matanza perpetrada por bandas armadas en Kenscoff ha atraído la atención internacional hacia la crisis en Haití. Este ataque, que dejó 47 muertos, incluidos un bebé de seis meses, y al menos 50 personas secuestradas, fue precedido por advertencias sobre el peligro inminente que no fueron atendidas.
En un reportaje publicado por The Wall Street Journal, se destaca que Kenscoff, tradicionalmente considerada una zona tranquila ubicada en las montañas sobre Puerto Príncipe, había solicitado apoyo durante meses.
A pesar de las alertas del alcalde Jean Massillon sobre la creciente amenaza, las bandas llevaron a cabo un ataque devastador, incendiando viviendas y causando un gran número de víctimas.
El artículo del diario estadounidense también menciona que este episodio se enmarca en un contexto preocupante, ya que las organizaciones criminales parecen avanzar hacia Pétion-Ville, una de las áreas más protegidas de la capital, donde se encuentran embajadas y organismos internacionales.
La coalición Viv Ansanm, designada como organización terrorista por Estados Unidos, continúa expandiendo su capacidad operativa mientras las bandas mantienen el control de gran parte de Puerto Príncipe.
El medio francés Le Monde también abordó el tema, informando que el ataque dejó inicialmente al menos 40 muertos y que algunas personas seguían desaparecidas. En su cobertura, el periódico enfatizó la creciente violencia armada en las inmediaciones de la capital.
La prensa local, como Le Nouvelliste, ha enfatizado los cuestionamientos sobre la respuesta de las autoridades antes y después de la masacre.
Informes iniciales señalaron que más de 30 personas habían perdido la vida en la noche del 23 al 24 de agosto, cuando se produjeron intensos tiroteos y explosiones que forzaron a muchas familias a abandonar sus hogares. Posteriormente, la cifra de muertos fue actualizada a 45 o más, y se reportaron varios edificios incendiados y personas retenidas como rehenes.
La reacción dentro de Haití ha sido contundente. El médico y científico Jean William Pape, director de los centros Gheskio, criticó la falta de protección del gobierno, manifestando que era «deplorable» que, a pesar de las advertencias sobre la presencia de grupos armados, el Estado no hubiera tomado las medidas necesarias para salvaguardar a la población.
Pape exigió que los responsables de la Policía Nacional de Haití rindan cuentas.
El obispo de Anse-à-Veau y Miragoâne, monseñor Pierre André Dumas, también expresó su indignación en una carta abierta al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, preguntando: “¿Cuántos muertos más harán falta para que la protección de la vida humana se convierta en la urgencia absoluta del Estado haitiano?”. Dumas describió la situación en Kenscoff como un estado de terror.
En respuesta a la crisis, el primer ministro haitiano convocó una reunión de emergencia del Consejo Superior de la Policía Nacional y ordenó una «respuesta firme» contra los responsables de la matanza. La Primatura ha indicado su intención de desmantelar las redes criminales y ha puesto a las fuerzas de seguridad en alerta máxima.
Sin embargo, estas promesas surgen tras una tragedia que pone en evidencia la capacidad del Estado para anticiparse a la violencia. Le Nouvelliste describió la situación como “las promesas de seguridad del Gobierno puestas a prueba por los hechos”.
La conmoción en Kenscoff persiste. El ayuntamiento de la localidad decretó tres días de duelo, del 31 de agosto al 2 de septiembre, en honor a las víctimas del ataque.
La administración municipal atribuyó la agresión a hombres armados vinculados a Viv Ansanm, confirmando la muerte de dos empleados municipales entre los fallecidos.
Este ataque no solo representa otra matanza en la prolongada crisis de Haití, sino que también evidencia la incapacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos frente a la violencia armada.
Fuente: www.diariolibre.com
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