
En una fábrica cerca de Fráncfort, hidrógeno y CO2 procedentes de la producción de cloro y biogás se inyectan en una cuba y, en unos pocos pasos, se transforman en combustible para aviones. El interés por este carburante sintético ha aumentado en Europa, mientras el conflicto en Oriente Medio altera el suministro de energías fósiles al continente, incluido el queroseno procedente del refinado del petróleo bruto. Es, según los expertos, un apoyo inesperado para estos combustibles de nueva generación.
Fuente: www.elperiodico.com
Descubre más desde Noticias breves
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Comentarios de Facebook