Río de Janeiro, Brasil.- El robo de celulares se ha transformado en una grave preocupación de seguridad en Brasil, evidenciado por casos recientes como el de Eduardo Metzker, un programador de 29 años, quien fue asaltado mientras viajaba en su motocicleta. Durante el incidente, un ladrón le apuntó con un arma y le exigió su teléfono, lo que le permitió acceder a sus aplicaciones bancarias y sustraer 80,000 reales (aproximadamente 15,000 dólares) antes de que pudiera bloquear sus cuentas.
«Uno trabaja casi todos los días para juntar un dinero. Luego alguien te apunta un arma a la cara y se lleva todo», comentó Metzker a la AFP. Este tipo de delitos, que pueden incluir violencia y fraude financiero, se ha convertido en un símbolo de la crisis de seguridad que afecta a varias ciudades brasileñas, especialmente antes de las elecciones programadas para el 4 de octubre.
El Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP) indicó en su informe anual que aproximadamente 14 millones de personas fueron víctimas del robo de celulares en el último año. Sin embargo, solo se denunciaron 830,000 robos en 2025, según datos oficiales.
La violencia en Río es alarmante, y muchos ciudadanos viven en constante miedo. Caroline Lo Bianco, una dentista de 36 años, relata su experiencia en la que le arrancaron el teléfono de las manos mientras viajaba en un Uber, estando embarazada de siete meses.
Ante la inminente elección, tanto el presidente Luiz Inácio Lula da Silva como su rival Flávio Bolsonaro han prometido medidas drásticas para combatir este fenómeno. Bolsonaro planea cuadruplicar las penas de prisión para estos delitos, mientras que Lula se ha comprometido a lograr «cero robos de celulares». Sin embargo, para personas como Metzker, la desconfianza en los políticos es palpable. «Pueden decir lo que quieran, ya no creo en ellos», afirmó.
Debido a estos robos, muchos brasileños han adoptado la estrategia de usar dos teléfonos: uno que se deja en casa para las aplicaciones bancarias y otro, conocido como «el teléfono del ladrón», para salir a la calle. Esta táctica ha sido implementada por aproximadamente el 30% de la población, según el FBSP.
Los delincuentes han cambiado su enfoque, centrándose más en los datos que en los propios dispositivos. Leonardo Silva, coordinador de crimen organizado del Foro, explicó que tras un asalto, los ladrones pueden transferir fondos de las cuentas de las víctimas y realizar compras en línea.
Luis Fernando Bugiga, fiscal del Grupo de Acción Especial para el Combate al Crimen Organizado, destacó un esquema criminal en São Paulo, donde varias células se dedican a robar teléfonos, transferir datos y vender las piezas. Este complejo sistema de delitos crea múltiples vías de lucro para los criminales y diversas formas de pérdida para las víctimas.
Para muchos, reemplazar un teléfono robado es un proceso difícil. Joel da Silva, portero en Ipanema, relató que fue asaltado con una pistola y pasó un mes sin teléfono antes de poder comprar uno nuevo en cuotas. Lo Bianco, quien también ha sido víctima de robo, expresó su deseo de mudarse a un lugar más seguro, como la Amazonía. «Le digo a mi marido que, si me pidiera mudarnos a la Amazonía, al día siguiente tendría las maletas listas», concluyó.
Fuente: www.diariolibre.com
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