Pasó más de tres años bajo cuidado humano para poder regresar al mar. Fue rescatada, rehabilitada y liberada en febrero de 2026 en Santo Domingo junto a otras tortugas marinas.
Sin embargo, apenas una semana después, apareció gravemente herida y murió el mismo día en que fue trasladada nuevamente al Acuario Nacional de Santo Domingo.
La necropsia confirmó que la causa fue un trauma penetrante compatible con arpón, evidenciando los riesgos que aún enfrentan estas especies incluso tras largos procesos de conservación.
Más de tres años para volver al mar
Se trataba de una tortuga verde (Chelonia mydas), hembra, identificada con las placas ANRD D-00105 e IZQ-00106, con un peso de 33 libras y un caparazón de 49 centímetros de largo.
Su historia se remonta a la temporada de anidación de 2022, cuando el ejemplar fue liberado inicialmente, pero no logró incorporarse al mar como el resto. Ante esa condición, fue recuperada y trasladada nuevamente a las instalaciones del Acuario Nacional, donde permaneció bajo observación y tratamiento.
Según el informe técnico, la tortuga pasó tres años y cuatro meses en rehabilitación, periodo durante el cual se aplicaron distintos protocolos veterinarios y de manejo hasta alcanzar condiciones óptimas para su liberación.

Liberación y hallazgo en menos de una semana
El animal fue finalmente liberado el 11 de febrero de 2026 en la playa de Güibia, en el Distrito Nacional, como parte de un grupo de tres tortugas marinas rehabilitadas.
Dos días después, el 13 de febrero, personal reportó el hallazgo de un ejemplar con heridas en la playa contigua al rompeolas del puerto de Haina. Una placa de identificación permitió confirmar que se trataba de la misma tortuga liberada días antes.
Al momento del hallazgo, el pronóstico era reservado debido a una herida profunda en la región del cuello. El animal fue trasladado nuevamente al Acuario Nacional, donde recibió atención médica, pero no logró sobrevivir.
La muerte fue registrada el 18 de febrero de 2026, mismo día en que se realizó la necropsia.
Un diagnóstico claro: trauma por objeto penetrante
El informe de necropsia establece que la causa de muerte fue un traumatismo por objeto punzante penetrante, presuntamente un arpón, que provocó laceraciones severas en músculos y arterias en la región cervical, de acuerdo a la veterinaria del Acuario Nacional, Jazmín León.
Estas lesiones ocasionaron una hemorragia masiva y una falla circulatoria aguda (shock hipovolémico) incompatible con la vida, dice el informe.
Los hallazgos descartan otras causas internas: el ejemplar presentaba buena condición corporal, con masa muscular conservada, órganos sin anomalías y presencia de alimento reciente en el sistema digestivo, lo que indica que se encontraba en condiciones fisiológicas adecuadas al momento del incidente.
El informe también señala que las marcas de depredación observadas fueron posteriores o secundarias, es decir, no causaron la muerte, sino que ocurrieron cuando el animal ya estaba en estado vulnerable.

El costo invisible de la conservación
El director técnico del Acuario Nacional, Omar Shamir Reynoso, dijo a Diario Libre que detrás de este ejemplar hubo una inversión considerable de recursos técnicos y humanos. El proceso incluyó alimentación especializada, medicamentos, atención veterinaria constante, colocación de placas de marcaje y logística para su manejo y liberación.
“El Acuario Nacional de la República Dominicana, como centro nacional de rescate y rehabilitación de especies marinas, desempeña un papel esencial en la protección y reintroducción de fauna en peligro de extinción”, indicó.
“Resulta profundamente lamentable que una tortuga marina previamente recuperada y liberada en nuestras costas haya sido mortalmente herida por la acción irresponsable de pescadores, en una conducta claramente reñida con la ley y con los principios básicos de conservación. Este hecho nos llama a la reflexión colectiva: proteger nuestras especies marino-costeras no es solo una obligación legal, sino un compromiso ético con el futuro de nuestros ecosistemas”, expresó Reynoso.
Un patrón que se repite
El caso recuerda un antecedente en 2018, cuando una tortuga marina equipada con un dispositivo de rastreo fue liberada en el país y posteriormente encontrada muerta fuera del territorio nacional.
Ambos casos reflejan una misma realidad: aunque los programas de rehabilitación permiten devolver individuos al mar, no eliminan las amenazas que enfrentan en su entorno natural.
En República Dominicana, la captura, caza y comercialización de tortugas marinas están prohibidas bajo la Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales y normativas complementarias.
Estas disposiciones buscan proteger especies como la tortuga verde, la carey y la tinglar, todas presentes en aguas dominicanas.
A pesar de ello, la evidencia de casos como este sugiere que las acciones ilegales continúan ocurriendo.
Una historia que va más allá de un individuo
La muerte de esta tortuga no solo representa la pérdida de un ejemplar, sino la interrupción de un proceso que tomó más de tres años de trabajo.
En términos de conservación, cada individuo cuenta. Y cuando uno de ellos muere pocos días después de ser liberado por causas asociadas a la acción humana, se pone en evidencia una brecha entre los esfuerzos institucionales y la realidad en el terreno.
Sin responsables identificados, el caso queda como un recordatorio de que la protección de las especies no depende únicamente de leyes o programas de rescate, sino también de la conducta de quienes comparten el mismo entorno.
Fuente: www.diariolibre.com
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