
Federico lleva más de 30 años viviendo aislado en una aldea de las montañas asturianas. Sin carretera y sin electricidad, su día a día transcurre como hace un siglo: rodeado de vacas, de silencio y de la naturaleza que envuelve el pueblo. Este jueves, día 2, cumplió 94 años, y lo hizo rodeado de un cariño que pocas veces esperó recibir.
Fuente: www.elperiodico.com
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