Desde su primera edición, Diario Libre apostó por algo que no todos los periódicos se atreven a sostener con coherencia: hacer de la caricatura no un adorno, sino una forma de periodismo. Una voz propia. Un comentario editorial que no necesita firmar con palabras porque se expresa con líneas, gestos exagerados y silencios cargados de sentido.
Esa decisión no fue casual. Se inscribe en una tradición que el historiador José Luis Sáez documentó al recorrer la evolución de la caricatura en la prensa dominicana: un género que, más que ilustrar, interpreta; más que retratar, deforma para revelar. Como plantea, la caricatura es “la analogía de acciones propias de los personajes”, una manera de exagerar rasgos para decir lo que muchas veces el lenguaje directo no logra.
Humor que informa
En ese contexto, Diario Libre incorporó desde sus inicios caricaturas que dialogan con la noticia, pero no la repiten. La cuestionan. La ponen en evidencia. La empujan un poco más allá.

Ahí aparece Rosca izquierda, con su lectura punzante de la política dominicana, muchas veces desnudando contradicciones del poder con una ironía que no necesita explicaciones. Su trazo se convirtió en un espacio de opinión que, sin editorializar en el sentido tradicional, termina diciendo más que muchos textos.
Y también Diógenes y Boquechivo, quizás una de las duplas más emblemáticas del humor gráfico reciente. Diógenes, el pensador, y Boquechivo, su contraparte terrenal y mordaz, construyeron durante años una conversación diaria sobre el país. No era solo humor: era un espejo. Uno que, como todo buen espejo, deformaba lo suficiente para que la realidad se viera con mayor claridad.
Su despedida de las páginas del periódico marcó el cierre de una etapa, pero también confirmó algo: que la caricatura en Diario Libre había logrado convertirse en parte de la rutina informativa de sus lectores, casi al mismo nivel que los titulares.
El legado de Harold Priego

En ese recorrido, el nombre de Harold Priego resulta inevitable. Su obra no solo marcó una época, sino que redefinió el alcance de la caricatura dominicana. Proveniente de la publicidad, Priego llevó al periodismo una capacidad de síntesis y una agudeza visual que hicieron de sus trabajos piezas memorables.
José Luis Sáez lo ubica entre los grandes exponentes de finales del siglo XX, destacando su capacidad para insertar la caricatura como un comentario cotidiano sobre la realidad política y social. No se trataba solo de hacer reír, sino de incomodar, de señalar, de obligar a mirar dos veces.
Esa herencia es, en muchos sentidos, la que Diario Libre decidió asumir: la caricatura como un acto de inteligencia, no de complacencia.
Poteleche: otra mirada, más allá de lo efímero
Con el paso de los años, nuevas voces se sumaron a ese espacio. Entre ellas, Poteleche, creación de Rafael de los Santos, que introduce una mirada distinta: más lúdica en apariencia, pero igualmente crítica en su fondo.
A través de sus personajes, el periódico amplía el registro del humor gráfico. Poteleche no solo comenta la coyuntura política, sino que se mueve también en lo social, en lo cotidiano, en esas pequeñas situaciones que, vistas con humor, revelan tensiones más profundas.
Su evolución, incluso hacia formatos como libros recopilatorios, confirma que la caricatura no es un contenido efímero, sino una forma de narrar el país que permanece.
“A casi nueve años de estar haciendo esta viñeta seis días a la semana, todavía me parece uno de los retos más difíciles y divertidos que me ha tocado enfrentar”, expresa De los Santos. “Tomar el espacio que ocupó Harold Priego es un honor por el que siempre estaré agradecido a Samuel, Glenda y Patricia (hijos de Harold), quienes abrieron la puerta a esta oportunidad, y a Don Adriano, quien confió en mí para algo que nunca me imaginé que sería posible”.

Matiza aún más su reto diario cuando confiesa que al principio tuvo muchos comentarios de gente que no entendía los dibujos, pero precisa que poco a poco fue encontrando su propia voz. “Con la que he tenido aciertos, así como grandes fallos, pero sigue siendo igual de emocionante”, dice.
Un apunte final de su vivencia confirma el valor de su creatividad compartida: “Lo mejor es cuando alguien te hace un comentario sobre un dibujo que recuerda, muchas veces no es uno que acaba de salir, sino un dibujo viejo que compartieron, guardaron o incluso recortaron para guardar físicamente. Ahí uno se da cuenta de que no es algo tan efímero como parece”.
Entre líneas
Si algo ha demostrado Diario Libre en estos 25 años es que la caricatura no compite con la noticia: la complementa. La traduce. La cuestiona. Y, en ocasiones, la resume mejor que cualquier titular.
Como advierte Sáez, la caricatura editorial tiene la capacidad de “vocalizar” aquello que el lector intuye, pero no siempre logra expresar. Esa es, quizás, su mayor fortaleza: decir lo que otros textos sugieren.
Porque al final, entre noticias, cifras y declaraciones, siempre hay algo que solo puede decirse con una caricatura. Y Diario Libre decidió, desde el principio, no quedarse sin esa voz.
Fuente: www.diariolibre.com
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